En primer lugar, porque la sangre es un bien escaso. En muchas partes del mundo, la posibilidad de una transfusión no está disponible o no es segura. En los países desarrollados, la transfusión es posible; pero la demanda supera con mucho a la oferta.
En segundo lugar, porque la transfusión como acto terapéutico no está exento de riesgos y posibles complicaciones y tiene un alto coste económico. En el caso de la cirugía cardíaca, existe una gran evidencia de que el paciente que no requiere transfusiones tiene mejores resultados: menor mortalidad, menor número de complicaciones y una recuperación más rápida
.
Finalmente, existen pacientes que por sus creencias religiosas, por razones médicas o por convicciones personales, no quieren recibir transfusiones.